domingo, 17 de julio de 2016

ojopiojo

fui a una tarotista, de esas que no sabes si tienen harta o poca experiencia, que cobran luca quinientos por pregunta, que tienen piercing en la ceja, ojos profundos y se encuentran acompañadas de su progenie. Me senté nerviosa porque no tenía claridad respecto a lo que quería saber, lo seguro era que deseaba respuestas o caminos que llevaran tranquilidad a mi corazón. Entonces, partí por mi nombre, Francisca, edad, diez y nueve, casi veinte. Luego, proseguí contando mi inquietud acerca de la formulación de la gran pregunta, le dije que esta tenía que ver con un hombre en el plano amoroso, seguí contando mi relación con él, escasa relación la verdad, básicamente le dije que en un carrete nos besamos, sin antes haber tenido mucha relación y que él se encontraba inmerso en un pololeo desde hace un año, también le conté que a la semana siguiente él, curado nuevamente, me dijo que no quería tener mala onda conmigo, que le caía bien, que no quería quedar como el huevón penca pero que estaba pololeando y que de hecho le había contado a la mujer lo sucedido, en el momento en que me dijo aquello tenía a sus amigos diciéndoles que se lo tomara con calma, ¿qué fue eso?, a la semana siguiente él me habló, todo normal, muy agradable, muy bonito, muy especial. En fín, la tarotista me hizo dividir el mazo en tres y elegí uno, siempre indecisa. En las cartas, que fueron cuatro, salía que él era un hombre que conseguía todo lo que se proponía, que el momento íntimo que compartimos lo disfrutamos ambos pero que faltaba comunicación. Luego, sacó otra tirada, esta vez fueron tres cartas, estas decían que de alguna manera él no mostraba su verdadera cara, intentando así ocultar la intriga que siente por mí, claro está porque la estabilidad te mantiene tranquilo pero la monotonía aburre también. Eso fue básicamente, me dejó tranquila, con algo de seguridad y ganas de descubrir y recorrer este camino misterioso hacia él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario