mis manos rojas no sienten,
no sienten las letras que presiono
no sienten el pesar de cada una
no sienten la amargura
no sienten la frustración...
de aquellos deseos que concretar no puedo
el destino es el culpable de aquello o
soy yo la que impide vivir como quisiera
mi alma confundida por las capas que cubren mi verdad
no sabe quien soy realmente,
un ente oyente, inherente también
a todo ser que pasa por mí
oír más que hablar, para que al final
se reflexione sin más, sin ataduras.
;no me ates, pues tú ya estas atado
avísame cuando libre seas,
mas yo no iré hacia ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario