martes, 1 de abril de 2014
Yo rompí el cascarón en cuanto el orificio interno me alentó, me di cuenta que había gente tapando sus bocas, con trajes especiales, mientras que la mujer con las piernas abiertas tan solo lloraba al verme, sentía que debía acompañar su llanto, felicidad y sufrimiento, para que se diera cuenta que no estaba sola, nunca lo estuvo. Yo la esperé desde que llegó su primera hemorragia que para impresión mía no la mató. Ahora que sus fuerzas son menores, que no podría resistir otra hemorragia, le cuento esta historia para demostrarle que la valentía que sostuvo no fue en vano
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