Espacio terrestre y marino; largo y angosto, pretende que los habitantes comprendan las bondades del territorio que sostiene sus pies, valorar lo que no está cuantificado, la riqueza de nuestro alrededor, conservarlo hasta que se haga rutina, pues nos falta tanto y nos asusta el cambio. Somos un pueblo en resistencia, con grandes orificios en los escudos, desde ahí se inmiscuye la mentira, entra como si fuera su nicho, engaña el medio humano, pues tiene los poderes fácticos a su disposición, siendo desalentador ver como la surrealidad pasa sobre los ojos y penetra fuertemente a los seres humanos que solo se ocupan de sobrevivir, aquellos que no solo los sostiene el territorio sino que abraza los pies de esas personas, que se han jugado la vida y su historia por tener un mejor pasar, sin embargo aquello los hace vulnerables al ataque de las estructuras. Se forjaron nuevas estructuras aparentemente poco conocidas, que jugaron con las aspiraciones de nuestro territorio, pisotearon ideales y crearon otro que vendría a mejorar, sin nada concreto, la calidad de vida de los habitantes, les enrostraron la calamidad que sucedería frente al levantamiento de una estructura que nadie conocía antes, la disfrazaron de la oscuridad, mientras que enaltecían las estructuras ya conocidas por todos. Desde ahí el pueblo con miedo, reviviendo el desamparo en la historia y entre golpes y caídas, la historia se hizo parte de la realidad, formando el paisaje de estas estructuras, y de lo cual, no cabe ninguna duda que aquel ser, que abraza el sustrato que nos mantiene vivos, optará por el ideal de algo que no conoce, una mera expectativa que no conocerá, manteniéndose en alerta de algo que nunca existió.
Era ahora o nunca.
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