y el dolor ni siquiera viene de mi profundo amor por ti -el cual se fue marchitando lentamente, imperceptible para mi engañado ser- sino que proviene de la íntima frivolidad que hace arder mi ego, no soportando la idea de que el destino, y yo misma, acabaron con todo, siendo no más que un efímero recuerdo, que poco a poco se alejará de mi historia y me llevará un profundo sabor amargo de que el presente está mejor que nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario