Bajando las escaleras innumerables
y a la vez, transitorias del espacio, cruzando los cuarzos que penetran mis
sienes y que desembocan en la salida hacia la distención de mis placeres más
remotos y efímeros, el sol inocuo, el humo entrando y saliendo, las
conversaciones profundas y no tanto, los pings alienando hasta acabar y volver
a subir al asiento que vuela mi mente a cualquier espacio menos el frente,
esperando salir y que el todo continúe desde la ligereza, el tiempo no haga
historia, el vino recaiga en más que habladurías y los perros acurrucando mis
días convertidos en epifanías.
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