miércoles, 17 de agosto de 2016

destino

mi plan era llegar a Ahumada con Alameda, tomé la micro del paradero más cercano, me subí, saludé, pedí permiso y caminé hacia algún asiento vacío al lado de la ventana. Ya sentada y sin internet móvil, solo con David Bowie en mis oídos, me digné a mirar el paisaje, las personas parecían inmóviles dentro de mi realidad construida en milésimas de segundos, eran todos un cuadro que no decía nada mas se podía sentir la historia que acarreaba cada silueta, eran quizás pesares, encuentros inoportunos, esperanza, fe, sueños o sin más, el vestigio de tus propios demonios. Llegué a mi destino, después de haber reflexionado y analizado cada cuadro que percibían mis sentidos, pedí permiso a mi compañero de asiento, apreté el botón, se detuvo, bajé, olvidé y me convertí en el cuadro de otro miserable pasajero.

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