tu yo aventurado bajo mil canales vivos, salientes como el viento hacia la trompa de tus pesares envenenados, dignos llenos de balances escritos, condenados a mi vientre, al escape de tus sucios dedos carcomidos por la ansiedad que te provoco, mas no puedes librarte sin mirar el sol iluminado por mi sombra, pues tu luz se enciende a partir de mí y se apaga también.
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