los soles reclaman tu presencia
cuando las cortinas ya no tapar pudiesen
esconder el resplandor que de tus ojos sale.
tus cabellos oscuros atrapan cada rayo luminoso
proveniente del amanecer que provocas,
mas tu energía no cesa, no descansa, no acaba
pues siempre supiste que la soberbia era lo tuyo.
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